Entre los más de mil regatistas que participan por la 38 Copa del Rey MAPFRE se encuentran muchos de los mejores especialistas del mundo, profesionales que tienen el lujo de poder vivir de esto. Pero no son mayoría. El grueso de la flota está formada por apasionados de la vela que piden vacaciones en los más variados trabajos para vivir la experiencia de la Copa. Son abogados, funcionarios, electricistas, empresarios, ingenieros, geógrafos, fontaneros,... Y no sólo españoles.


Participar en la Copa del Rey MAPFRE supone para unos pocos afortunados la manera de ganarse la vida. Son los profesionales, regatistas que saltan de evento en evento y de proyecto en proyecto durante toda la temporada. Son casi cien entre la flota de Maxi 72 de clase Mallorca Sotheby’s IRC y la de los catamaranes voladores GC32, alrededor de 40 en los ClubSwan 50 y un número menor en puestos estratégicos de otras clases. El resto, hasta los más de mil regatistas que compiten por la 38 Copa del Rey MAPFRE, son regatistas amateur, profesionales de campos tan diversos como la ingeniería, la geología o la fontanería, o incluso empresarios, que diseñan sus vacaciones para poder venir a la regata de Palma.

Baris Celik trabaja en una velería de Marmaris (Turquía) y compite en clase BMW ORC 2 a bordo del First 40 Wind Rider del armador Erol Algul, el único barco turco de la 38 Copa del Rey MAPFRE. “En la tripulación somos seis: tres alumnos y tres con cierta experiencia, pero ningún regatista profesional. Todos tenemos nuestros trabajos: el armador es monitor de vela, yo soy velero, otro es ingeniero eléctrico de sistemas solares, otro empresario,... No somos profesionales, pero intentamos competir contra los que lo son”.

Más de 1.200 millas náuticas separan Palma del puerto base del Wind Rider en la localidad turca de Marmaris. Transportar el barco supone un considerable esfuerzo logístico, que en el caso del Wind Rider supuso dos semanas con paradas estratégicas: “Al margen del desembolso económico, es principalmente cuestión de tiempo. En nuestro caso, navegamos de Turquía a Valencia, luego participamos en la Rolex Giraglia, devolvimos el barco a Valencia y pusimos rumbo a Palma, donde llegamos en dos días. En total, habrán sido dos semanas desde Turquía, porque no teníamos prisa, y además aprovechamos para tener otras experiencias y entrenar”. 

También es cien por cien amateur la tripulación del Grupo Santorum de Javier Durán, un veterano First 45F5 con base en el puerto gallego de Riveira. En su caso son diez tripulantes, “nueve chicos y una chica,Paula (Correa), que es la que más recorrido tiene, en vela ligera a nivel europeo y mundial, pero en general somos un grupo de amigos que nos enrolamos en esto de la vela para pasárnoslo bien”, explica Víctor Bouzas, proa a bordo y geógrafo de profesión. “A bordo tenemos desde abogados a fontaneros, yo soy geógrafo, hay gente que trabaja en hostelería, en un desguace,... Perfiles variopintos que nada tiene que ver con esto de la vela. Aquí todos pedimos vacaciones, permiso a nuestras mujeres y a nuestros hijos para poder estar en la regata. El patrón quiso probar a venir a copa del Rey, y nos lo tomamos como una aventura”.

La distancia entre Riveira y Palma es de mil millas, y se realizó en dos etapas: “La primera, de cuatro días desde Galicia hasta Sotogrande. Regresamos por trabajo a Galicia, y a la semana siguiente hicimos el tramo desde Sotogrande hasta aquí, con bastante viento de levante, todo de ceñida o a motor; el barco venía sufriendo”.

Víctor está disfrutando de su primera experiencia en la regata: “El evento es lo que esperábamos y mucho más. Mediáticamente es impresionante lo que mueve la Copa del Rey, el nivel de los barcos,... Sin duda, queremos volver”. Para Baris es la segunda, y también lo tiene claro: “Esta es nuestra pasión. Es nuestra segunda Copa, y esperemos que no sea la última”.


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