En su condición de gerente del Real Club Náutico de Palma, Jaime Carbonell sabe una o dos cosas del titánico esfuerzo que supone organizar una Copa del Rey MAPFRE. Su experiencia en el evento se remonta a 1985, cuando debutó en la 14 edición de mano de Jaime Enseñat.


¿A cuándo se remontan sus recuerdos de la Copa del Rey MAPFRE?
“La 14ª fue la primera edición que yo trabajé en la Copa del Rey MAPFRE. Antes de eso había participado como un regatista más. Yo en aquel tiempo todavía navegaba en vela ligera, iba a la Copa pero no era mi regata, no era tripulante de crucero”.

¿Cómo surgió su relación con el evento?
“Hay que remontarse a 1995. Jaime Enseñat me llamó y me pidió que le echara una mano en este regata, porque en la edición anterior había sido un poco desastre. Yo era gerente del Club Náutic S’Arenal, y llegué al acuerdo de ayudarle en lo que pudiera, de manera desinteresada. Me tuve que desfondar. De un día para otro me tuve que poner al frente de una organización que desconocía. Fueron unos años complicados, porque aunque me encantaba trabajar con Jaime, encadenaba hacerlo en el Sofía y acto seguido en la Copa del Rey. Una exigencia muy grande de tiempo y energía. Pero fueron años que me enriquecieron mucho, aprendí un montón. Yo entonces no entendía las regatas de crucero; viniendo de la vela ligera eso del tiempo compensado me sonaba a chino, pero poco a poco les fui viendo el sentido y el por qué”.

¿Cuánto duró esa relación?
“Trabajé la 14, la 15 y alguna más, pero comencé a ceder responsabilidades, y sólo lo hacía en momentos puntuales. Había un Comité Organizador, y yo les echaba una mano desde El Arenal. La situación cambió en 2015, cuando dejé la gerencia del Arenal y me incorporé al RCNP. Desde entonces, hasta hoy. Los dos últimos años, Manu Fraga ha ido cogiendo más el relevo de la Copa del Rey y yo hago mi trabajo de gerente del RCNP”.

¿Qué es la Copa del Rey MAPFRE?
“Es una regata compleja en tanto en cuanto tiene que conjugar cosas que son radicalmente diferentes pero que tienen que ir paralelas, y a veces es difícil de entender. Es una regata técnica y deportivamente muy exigente: son muchos días de regata y se combina con un aspecto social, lúdico, que es tan exigente o más que la parte deportiva. Eso, a veces, descoloca”.

¿Qué significa para el RCNP?
“Supone volcar el puerto de arriba abajo, literalmente. Es pedir a la gente que deje sus amarres, se vayan en pleno mes de agosto, un mes complicadísimo. Es una exigencia grandísima para el club y sus socios. Es algo difícil de valorar: incluso dentro de la propia organización nos cuesta que la gente entienda el esfuerzo que supone vaciar 150 o 160 amarres para dar cabida a los barcos de la Copa del Rey. Económicamente es una gran regata, aunque para el RCNP en cuanto a gestión es muy complicada. Por otro lado, forma parte del RCNP: defendemos que somos lo que somos y somos quienes somos, y eso es lo que defendemos también ante la coyuntura actual de tener la concesión bajo el punto de mira de la Autoridad Portuaria. Tenemos el corazón en vilo pensando que el 31 de diciembre de 2022 se nos puede plantear un órdago: en esta casa somos 72 personas trabajando todo el año fijos y en la Copa del Rey somos 200. En mi caso, me siento responsable de toda esta organización, y no dejo de estar preocupado: son mis compañeros y me desvelo por todo esto”.

¿Qué hay en juego?
“Pienso que sería una pena para el club perder ese tren y creo que sería malo para Palma y para Mallorca perder esa oportunidad. Todo el mundo es sustituible, incluso el RCNP, pero esta regata, con la experiencia acumulada de 40 años, es muy difícil de igualar. Empezando por la época de Don Jaime, y hasta hoy, hemos trabajado denostadamente para estar donde estamos. Humildemente, creo que se ha hecho un gran trabajo”.

¿Cuál fue el papel de Jaime Enseñat en la evolución del evento?
“Jaime Enseñat fue vital. Fue el promotor del cambio: pasó de ser una regata local, con su importancia, pero que no se conocía fuera, al evento internacional que es hoy en día. Inicialmente se llamaba Copa del Mediterráneo, con Manolo Nadal y Emilio Feliu. Ya como Copa del Rey, Jaime Enseñat vio que era el momento de darle un empujón. Él era visionario porque vio que las regatas de vela podían ser una plataforma de promoción de Palma, de la bahía, de Mallorca, y del turismo de  Baleares en general. De esto no nos dimos cuenta hasta muchos años después. Él estaba vinculado al turismo como presidente del  Fomento de Turismo de Mallorca, director del Meliá Victoria, y veía que teníamos una plataforma de fomento en las regatas. Realmente, con los años nos hemos dado cuenta que él vio algo que nosotros no veíamos. Coger ese testigo es lo que nos ha llevado a donde hemos llegado”.

¿Considera que organización y regatista se entienden mutuamente?
“Cuesta mucho. Me pongo en la piel de un regatista, y entiendo que le cueste entender la enorme logística social que rodea lo que sucede en el agua. Como organizador, sé que todo esto es necesario. Gracias a que hacemos todo esto, podemos organizar una regata de este estilo, de este nivel y con estos participantes, que de no ser así, probablemente no existiría aquí. La diferencia está en los formatos: En el mundo hay regatas de altísimo nivel, como pueda ser la Rolex Middle Sea Race, pero de una sola prueba. Este modelo que tenemos nosotros, de seis días, con más de una prueba por día, es casi casi una regata de vela ligera trasladada a barcos grandes. Las pocas que hay con este formato no tienen ni muchísimo menos el nivel de la Copa del Rey. Esto nos causa orgullo y nos deja en una situación de privilegio en el panorama mundial de organización de regatas”.

¿Algún recuerdo especial?
“Hace cinco ediciones, el último día de la Copa del Rey, tuve un infarto justo antes de la entrega de premios. Eso fue muy difícil, un susto grande. Pero hay muchísimos más recuerdos agradables que desagradables”.

¿Alguna anécdota que recuerde?
“Recuerdo una de mi primera edición: eran los principios de la informática en las regatas, teníamos que sacar un listado de inscritos y no había forma de que saliera. Recuerdo que el Rey Juan Carlos nos llamó a capítulo a Jaime y a mí, y nos preguntó qué pasaba con el listado. Tuvimos que confesarle: ‘hay una cosa que llaman informática, que no sabemos muy bien lo que es, pero que tiene que sacar una lista y no la saca. Qué quiere que le digamos, Majestad. Haremos lo imposible para tenerla’. Nos quedamos con una cara de tontos… Es cierto que lo resolvimos rápido, pero el pobre Jaime estaba desquiciado, no sabíamos qué hacer. No dependía de nosotros”.

¿Cuál es el tamaño de la flota ideal para la Copa del Rey MAPFRE?
“El tamaño ideal es la actual. No más de 120 barcos; para mí, es más que suficiente. Es verdad que 120 barcos en nueve clases en es mucho, tal vez habría que homogeneizar un poco las clases, reagruparlas. Entre ClubSwan 50 y J70, el abanico es muy amplio, y tal vez deberíamos ser un poquito más parejos. Pero también es verdad que dejar fuera los J70 y J80… también tienen derecho. Tenemos que buscar la mejor fórmula de buscar esta simbiosis”

¿Dónde ve la Copa del Rey MAPFRE en diez años?
“La veo arriba. Hay que trabajar mucho para saber por dónde debe evolucionar. En mi  opinión, tiene que pasar por ser imaginativos, intentar no perder la esencia de la regata, no olvidar que somos una prueba de alta competición, con regatistas de alta competición, pero que está pensada también para los regatistas no solo de alta competición. Somos una regata para todo el mundo. Creo que cometeríamos un error si nos dedicáramos exclusivamente a los profesionales o no profesionales. Debemos ser lo suficientemente hábiles para combinar ambos extremos. La regata también es para los equipos que vienen con su familia, tienen cabida, tienen su fórmula, tienen su momento. ¿Por qué no? La riqueza de esta regata es que cabe todo el mundo en ella”.


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